A MINOR WRONGDOING
HENRIK MALMSTROM

Poco a poco nos sumergimos en lo que Henrik Malmström vio y fotografió desde la ventana de su sala de estar. Las páginas de A Minor Wrongdoing se despliegan como una secuencia hipnótica de fotos espontáneas tomadas en el barrio de St. Georg en Hamburgo, entre 2011 y 2014. Cientos de ellas registran los últimos vestigios de la vida callejera en una zona urbana que actualmente está experimentando una intensa gentrificación tras la reciente intervención oficial contra la prostitución callejera.

Malmström utilizó una cámara digital económica, forzando sus niveles de ISO para reproducir en cada escena el efecto crudo de una cámara de vigilancia. El material monocromático y granuloso de su empresa voyeurista se ha reunido en este voluminoso libro, replicando un desordenado archivo de informes policiales. Impreso en puntos nítidos, el grano añade un grado de abstracción y belleza sin precedentes a la secuencia, mientras que la cantidad de imágenes rompe con la estructura lineal convencional de la narrativa. Todo ello produce una sensación inquietante. Y obsesión: la obsesión no confesada de un fotógrafo que tuvo la suerte de estar en el lugar correcto en el momento adecuado. No llegamos a ver mucho de lo que fotografió, pero aún así podemos imaginar casi todo lo que ocurre en este oscuro inframundo de transacciones.

A MINOR WRONGDOING - HENRIK MALMSTROM

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HENRIK MALMSTROM

Poco a poco nos sumergimos en lo que Henrik Malmström vio y fotografió desde la ventana de su sala de estar. Las páginas de A Minor Wrongdoing se despliegan como una secuencia hipnótica de fotos espontáneas tomadas en el barrio de St. Georg en Hamburgo, entre 2011 y 2014. Cientos de ellas registran los últimos vestigios de la vida callejera en una zona urbana que actualmente está experimentando una intensa gentrificación tras la reciente intervención oficial contra la prostitución callejera.

Malmström utilizó una cámara digital económica, forzando sus niveles de ISO para reproducir en cada escena el efecto crudo de una cámara de vigilancia. El material monocromático y granuloso de su empresa voyeurista se ha reunido en este voluminoso libro, replicando un desordenado archivo de informes policiales. Impreso en puntos nítidos, el grano añade un grado de abstracción y belleza sin precedentes a la secuencia, mientras que la cantidad de imágenes rompe con la estructura lineal convencional de la narrativa. Todo ello produce una sensación inquietante. Y obsesión: la obsesión no confesada de un fotógrafo que tuvo la suerte de estar en el lugar correcto en el momento adecuado. No llegamos a ver mucho de lo que fotografió, pero aún así podemos imaginar casi todo lo que ocurre en este oscuro inframundo de transacciones.