3 CUOTAS SIN INTERÉS A PARTIR DE AR$150.000 - 6 CUOTAS SIN INTERÉS A PARTIR DE AR$300.000

Pranteadeiras
Diana Rietveld

Selo Turvo
ISBN 978-65-985025-9-1
2026​​
20x26cm

Eran montañas inhóspitas y enmarañadas. Eran mujeres ásperas que murmuraban, escondidas en grandes caserones. Eran caminos estrechos, barrancos, olmos caídos, olor a crin mojada. Eran silenciosas, en comunión, sustituyendo las vísceras y la carne por heno de los bosques. Eran las ramas de artemisa y toronjil que brotaban de las grietas de la ventana. Era la noche, tan larga y densa, que se preguntaban si el día volvería. Eran los dedos lastimados por ortigas y astillas de castaño. Era el mugido del buey en una tarde de cosecha deforme. Las Pranteadeiras son mujeres contratadas para llorar en los funerales, un oficio milenario. Durante las procesiones fúnebres, sus llantos conmovían a los familiares, lamentaban a quienes se habían ido y entonaban, entre cantos y gritos, sus elegías y sus sombríos rituales. Ambientada en el espacio íntimo en el que humanos y animales se observan y se camuflan unos con otros, la narración se despliega a través del vuelo de los insectos, un páramo transformado en la niebla imperceptible y devoradora del bosque. La fauna se revela por partes, con cautela. El sacrificio es silencioso, el ganso no grazna, la cuerda no deja marcas. La noche, dividida en dos, manifiesta su permanencia frente a las existencias que allí habitan. El secreto, al fin, es de animal a animal.

Pranteadeiras - Diana Rietveld

$47.000,00
3 en stock
Pranteadeiras - Diana Rietveld $47.000,00

Pranteadeiras
Diana Rietveld

Selo Turvo
ISBN 978-65-985025-9-1
2026​​
20x26cm

Eran montañas inhóspitas y enmarañadas. Eran mujeres ásperas que murmuraban, escondidas en grandes caserones. Eran caminos estrechos, barrancos, olmos caídos, olor a crin mojada. Eran silenciosas, en comunión, sustituyendo las vísceras y la carne por heno de los bosques. Eran las ramas de artemisa y toronjil que brotaban de las grietas de la ventana. Era la noche, tan larga y densa, que se preguntaban si el día volvería. Eran los dedos lastimados por ortigas y astillas de castaño. Era el mugido del buey en una tarde de cosecha deforme. Las Pranteadeiras son mujeres contratadas para llorar en los funerales, un oficio milenario. Durante las procesiones fúnebres, sus llantos conmovían a los familiares, lamentaban a quienes se habían ido y entonaban, entre cantos y gritos, sus elegías y sus sombríos rituales. Ambientada en el espacio íntimo en el que humanos y animales se observan y se camuflan unos con otros, la narración se despliega a través del vuelo de los insectos, un páramo transformado en la niebla imperceptible y devoradora del bosque. La fauna se revela por partes, con cautela. El sacrificio es silencioso, el ganso no grazna, la cuerda no deja marcas. La noche, dividida en dos, manifiesta su permanencia frente a las existencias que allí habitan. El secreto, al fin, es de animal a animal.